LITURGIA DEL DOMINGO 3º DE PASCUA “A”

 

4 DE MAYO DE 2014

Liturgia de las Horas – Tercera Semana del Salterio – Pascua.

 

RITOS INICIALES

 

CANTO DE ENTRADA.

Aleluya, Aleluya, es la fiesta del Señor.  Aleluya, Aleluya, el Señor resucitó.

 

Si delante de los hombres encendemos nuestra luz.  Abriremos mil caminos para la resurrección.

 

SALUDO  Y MONICIÓN.

 

ASPERSIÓN DEL AGUA.

Canto:

Oh, oh, oh, oh, hay que nacer del agua.  Oh, oh, oh, oh, hay que nacer del Espíritu de Dios.  Oh, oh, oh, oh, hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios hay que nacer del Señor.  Oh, oh, oh, oh, hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios hay que nacer del Señor.

Prepárate para que sientas.  Prepárate para que sientas.  Prepárate para que sientas el Espíritu de Dios.  Déjalo que se mueva.  Déjalo que se mueva.  Déjalo que se mueva dentro de tu corazón.

 

GLORIA.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

 

ORACIÓN COLECTA.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

PRIMERA LECTURA.

Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33.

 

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: “Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.  Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz.  Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice: ´´Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.  Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada.  Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.  Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.“

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy.  Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que ´´no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción“, hablaba previendo la resurrección del Mesías.  Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos.

Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado.  Esto es lo que estáis viendo y oyendo.”

                                     PALABRA DE DIOS

 

SALMO RESPONSORIAL.  Salmo 15. 

Antífona: Señor, Tú me enseñarás el sendero de la vida.

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: “Tú eres mi bien.” El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

 

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente.  Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

 

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena.  Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

 

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

 

SEGUNDA LECTURA.

Lectura de la primera carta del apóstol San Pedro 1, 17-21

 

Queridos hermanos:

Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

                        PALABRA DE DIOS

 

ALELUYA.

Antífona: Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas.

 

EVANGELIO.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 24, 13-35.

 

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido.  Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.  Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”

Ellos se detuvieron preocupados.  Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?”

Él les preguntó: “¿Qué?”

Ellos le contestaron: “Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestro jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.  Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel.  Y ya ves: hace dos días que sucedió esto.  Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo.  Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.”

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas!  ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?”

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.”

Y entró para quedarse con ellos.  Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.  A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.  Pero él desapareció.

Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.”

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

                   PALABRA DEL SEÑOR

 

HOMILÍA.

 

CREDO.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES.

 

LITURGIA EUCARÍSTICA

 

OFERTORIO.

Canto:

Señor, te ofrecemos el vino y el pan, así recordamos la Cena Pascual.

 

Te ofrecemos nuestras vidas, Señor, en torno a tu altar.  Tus misericordias ¿quién podrá cantar?

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

 

PREFACIO Y SANTO.

 

PLEGARIA EUCARÍSTICA.

 

RITO DE LA COMUNIÓN

 

PADRE NUESTRO.

 

RITO DE LA PAZ.

 

CORDERO DE DIOS.

 

COMUNIÓN.

Canto:

Andando por el camino, te tropezamos, Señor, te hiciste el encontradizo, nos diste conversación, tenían tus palabras fuerza de vida y amor, ponían esperanza y fuego en el corazón.

 

Te conocimos, Señor, al partir el pan, tú nos conoces, Señor, al partir el pan  (Bis)

 

Llegando a la encrucijada, tú proseguías, Señor, te dimos nuestra posada, techo, comida y calor; sentados como amigos a compartir el cenar, allí te conocimos al repartirnos el pan.

 

Andando por los caminos, te tropezamos, Señor, en todos los peregrinos que necesitan amor, esclavos y oprimidos que buscan la libertad, hambrientos, desvalidos, a quienes damos el pan.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

 

Gracias, Señor, porque nos regalas un nuevo y renovado encuentro contigo en cada Eucaristía.

 

Gracias, porque también a nosotros nos sales al encuentro en nuestro caminar diario.

 

Gracias, porque cuando nos invade el desánimo ante las contrariedades, allí estás tú para recordarnos que contigo todo es posible.

 

Ayúdanos a reconocerte cuando escuchamos tu Palabra, cuando nos enseñas a partir y compartir el pan, y cuando pasas a nuestro lado enfermo y en tantas situaciones de pobreza y marginación como nos rodean.

 

Queremos ser cristianos comprometidos en la transformación del mundo y testigos alegres de tu resurrección.

 

ORACIÓN.

 

RITO DE CONCLUSIÓN

 

BENDICIÓN Y DESPEDIDA.

 

Canto:

Id amigos por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la paz y el perdón, sed amigos, los testigos de mi resurrección, id llevando mi presencia, con vosotros estoy.