LITURGIA DEL DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO “C”

10 DE DICIEMBRE DE 2013

Liturgia de las Horas – Cuarta semana del Salterio

 

RITOS INICIALES

 

CANTO DE ENTRADA.

Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor.

 

Un largo caminar, por el desierto bajo el sol, no podemos avanzar sin la ayuda del Señor.

 

SALUDO Y  MONICIÓN.

 

ACTO PENITENCIAL.

 

GLORIA.

 

ORACIÓN COLECTA.

LITURGIA DE LA PALABRA

 

PRIMERA LECTURA.

Lectura del libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre.  El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros?  Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.»

El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.»

Después se divertían con el tercero.  Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor.  Y habló dignamente: «De dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.»

El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.

Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto.  Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.  Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.»

                                     PALABRA DE DIOS

 

SALMO RESPONSORIAL. Salmo 16.

Antífona: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

 

Señor, escucha mi apelación, atiende mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.

 

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos.  Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

 

Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme.  Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.

 

SEGUNDA LECTURA. 

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses  2, 16–3,5.

Hermanos:

Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.

Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.

El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.

Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

PALABRA DE DIOS

 

ALELUYA.

Antífona: Jesucristo es el primogénito de entre los muertos; a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

 

EVANGELIO.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-38.

En aquél tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.  Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos.   Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos.  Por último murió la mujer.  Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán.  Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ´´Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob“.  No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

PALABRA  DEL SEÑOR

 

HOMILÍA.

 

CREDO.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES.

 

LITURGIA EUCARÍSTICA

 

OFERTORIO.

Canto:

Te ofrecemos Señor, lo que nos diste Tú.

 

La fe que sembraste en todos los hombres, el amor y la esperanza que llenan la vida.

 

El pan en las manos de tu sacerdote, el cáliz que ofrece por todos los hombres.    

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

 

PREFACIO Y SANTO.

 

PLEGARIA EUCARÍSTICA.

 

RITO DE LA COMUNIÓN

 

PADRE NUESTRO.

 

RITO DE LA PAZ.

 

CORDERO DE DIOS.

 

COMUNIÓN.

Canto:

Yo soy el pan de vida, el que viene a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá sed.  Nadie viene a mí, si mi Padre no le atrae.

 

Yo le resucitaré, yo le resucitaré, yo le resucitaré, en el día final.  Yo le resucitaré, yo le resucitaré, yo le resucitaré, en el día final.

 

El pan que yo daré es mi cuerpo, vida para el mundo.  El que siempre coma de mi carne, vivirá en mí, como yo vivo en mi Padre.

 

Yo soy esa bebida que se prueba y no se siente sed.  El que siempre beba de mi sangre, vivirá en mí y tendrá la vida eterna.

 

Sí, mi Señor, yo creo que has venido al mundo a redimirnos.  Que tú eres el Hijo de Dios y que estás aquí alentando nuestras vidas.

 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

 

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado.

 

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando.

 

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.

 

Ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados.

 

Guarda mi vida y líbrame, no quede yo defraudado de haber acudido a ti.  La inocencia y la rectitud me protegerán, porque espero en ti.

(Del Salmo 24)

 

ORACIÓN.

 

RITO DE CONCLUSIÓN.

 

BENDICIÓN Y DESPEDIDA.

 

Canto.

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos.  Él es nuestra salvación, nuestra gloria para siempre.

 

Si con el morimos, viviremos con él.  Si con él sufrimos, reinaremos con él.